«Antes de que muera, veré a nuestra comunidad recibir el respeto que merecemos. Estaré jodida si me voy a la tumba sin tener el respeto que esta comunidad merece. Quiero irme a donde sea en armonía con mi alma y tranquilamente decir que finalmente he vencido». Así acaba uno de los discursos clave de la activista transgénero Sylvia Rivera, ‘Reinas en el exilio’, recogido en el libro Acción Travesti Callejera Revolucionaria (Editorial Imperdible). Y es que la idea de la muerte, más o menos explícita, está muy presente en el colectivo LGTBIQ+. Desde las violencias y represión que vivía antes y ahora hasta la nostalgia de un futuro, un horizonte de igualdad plena, que nunca llega. La muerte también interpela en lo cotidiano, a través del más que manido mantra del ‘carpe diem’, pero que marca una forma de vivir en los márgenes en la que lo único que importa es el aquí y al ahora. «Si estás vivo no estás muerto, ¡a darle gusto a tu cuerpo!», cantaba Rafael Conde, ‘El Titi‘, en el himno ‘Libérate’. La muerte condiciona de mil maneras la vida y, cuando llega, la archiva como experiencia única y, también, como parte de un todo. Entre esas dos aguas, el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) plantea un ruta ‘transmaricabollo’ por el Cementerio General de València, un recorrido a través del que recuperar las voces del colectivo en una mirada al pasado que tiene mucho de presente. 

El proyecto está liderado por el activista Piro Subrat (Alcalá de Henares, 1990), que desde hace años trabaja recomponiendo la historia del colectivo, un trabajo de memoria histórica que le ha llevado a escribir Invertidos y Romepatrias. Marxismo, anarquismo y desobediencia sexual y de género en el estado español 1868-1982, además de otras tantas publicaciones periódicas. Subrat será la persona encargada de guiar este recorrido en el que el propio acercamiento a los nombres de los personajes destacados requiere de un trabajo delicado. Y es que uno de los grandes problemas a la hora de reconstruir la historia del colectivo LGTBIQ+ es la falta de documentación, una historia que ha sido marginada por los relatos oficiales y que desde hace algunos años muchas investigadoras, como Subrat, tratan de recomponer. «Falta bastante información, mucha de ella porque se ha perdido, porque los familiares de la gente que murió la ha tirado a la basura o porque hay gente que no quiere hablar, piensan que lo que hicieron fue irrelevante, han vuelto al armario o tienen traumas de vivencias relacionadas con su condición sexual o de género. Todo esto complica mucho a la gente que quiere investigar», relata Subrat en conversación con Culturplaza.

Aunque la «bola de nieve» que se está generando con el cada vez mayor interés por esos estudios está haciendo que avancen, los retos siguen estando presentes. Y es que no están todos los que son. «Uno de los problemas que encuentro es que en muchos casos no conozco los nombres legales, sobre todo, de chicas trans, a quienes enterraron con el nombre legal. Hay tumbas que no se pueden localizar». A esto se suma una parada clave en el recorrido, que tendrá lugar el próximo 29 de enero (y para la que es necesario inscripción previa), una visita a las fosas comunes de gente represaliada en la posguerra. De nuevo, personas sin nombre ni apellido. El franquismo tumba cualquier sueño con un fuerte sistema de represión y unos fusilamientos en los que cuesta sacar casos concretos que el tiempo o la vergüenza no haya conseguido borrar, un sistema de represión complejo que maniató las libertades del colectivo. «Había cárceles específicas para activos y para pasivos», relata Subrat. 

En 1970 llegaría la conocida comoLey sobre peligrosidad y rehabilitación social, por la que en 1976 fue encarcelado sin juicio previo y desterrado de su pueblo, Xirivella, el valenciano Antoni Ruiz, que en 2009 se convirtió en la primera persona a la que el Ministerio de Justicia concedió Declaración de Reparación y Reconocimiento Personal, un documento que acredita la «persecución y privación de libertad por razones de orientación sexual» sufridas y reconoce su derecho a la reparación moral. Sí, en 2009. Y es que en este recorrido histórico por los protagonistas, buscados o no, de la historia LGTBIQ+ hay un factor que impregna todo: las violencias. «Algunos fueron asesinados, otras tuvieron que exiliarse, se fueron de su organización políticas -de izquierda- porque no podían más con la represión sexual… en todas las historias hay violencia. En todas las vidas de las personas disidentes ha sido afectada por la violencia contra nuestro colectivo».

En esta reflexión mayor hay una mirada al pasado, por supuesto, pero sin dejar de pensar en el presente, una historia que no es lineal ni es ajena a otros factores, como el económico. «La población LGTBI sigue siendo uno de los sectores más precarizados de la población y muchas políticas que llevan a cabo estos mismo gobiernos fomentan esa precariedad. Hablo, por ejemplo, de procesos de gentrificación o el hecho de que tengamos CIE en la ciudad de València. Ese tipo de cosas dañan a los sectores más empobrecidos y, en ellos, está la población LGTBI, ya sea gente porque es gente que huye de sus países o porque tengan menos posibilidad de acceder a según que empleos por su pluma, su performance de género».

El viaje ideado por Piro Subrat por el cementerio no puede obviar las violencias, pero tampoco las conquistas y luchas. Entre los hitos, la celebración en 1979 del primer Orgullo en València, convocado por el Movimiento de Liberación Sexual del País Valenciano (MAS-PV), o las manifestaciones contra la Brigada 26, una escisión de la Policía Local especialmente violenta contra el colectivo. También el nacimiento del programa de radio La Pinteta Rebel, en Radio Klara, con Miquel Alamar, Rampova y Clara Bowie, un espacio de libertad único desde el que se dio espacio a discursos disidentes en lo político y lo cultural, un oasis desde el que se informó -con los medios que se disponía- del VIH, algo que pronto provocó a los más conservadores. «Estábamos poniendo muy nervioso al sector más troglodita de la ultraderecha valenciana, que desde sus escasas neuronas en huelga permanente, pretendían hacernos pupa llamándonos continuamente maricones por teléfono. Nosotras nos burlábamos de su ignorancia agradeciendo el reiterado gasto económico en llamadas», relata Rampova en el libro Kabaret Ploma 2. Socialicemos las lentejuelas.

El mencionado Miquel Alamar o Fernando Lumbreras, uno de los fundadores del colectivo Lambda, son algunas de las figuras que trata de subrayar esta ruta por algunas de las personas disidentes sexuales y de género que han sido relevantes en la historia local y estatal. A ellos se suman otros como la activista Encarnita Duclown, Rafael Conde ‘El Titi’ o la madrileña Lucía Sánchez Saornil, cofundadora de la organización Mujeres Libres, que en la década de los 20 se trasladó a València con su pareja, América Barroso. Todas ellas dan forma a una historia que pasa por sus experiencias individuales hasta formar un todo. Un todo ‘transmaricabollo’.

Texto de: Carlos Garsán

Extríado de: https://valenciaplaza.com/ruta-transmaricabollo-por-el-cementerio-de-valencia