
«La cárcel no castiga el delito. Castiga la pobreza y la rebeldía». Pastora González Vieites.
La editorial Imperdible rescata las reflexiones de Pastora, madre de Xose Tarrio, sobre la cárcel y las vivencias personales en torno al encierro de su hijo. Un testimonio que no por muy conocido no deja de ser desgarrador.
Mujer pobre y con marido maltratador saca adelante como pudo una familia en un ambiente abiertamente hostil. Finalmente, emigra a Suiza sin marido, pero con sus hijos para buscarse una vida digna, pero Xose decide quedarse. Como era muy posible en aquellos barrios de los años ochenta, Xosé queda atrapado por la heroína y acaba, consecuentemente, también atrapado dentro de los muros de la cárcel. La historia militante de Pastora comienza cuando le envían a Suiza los primeros veinte capítulos de ‘Huye, hombre, huye’. El conocido libro de Tarrío, testimonio imprescindible para entender la cárcel y la sociedad en la que vivimos. Pastora, ajena hasta ese momento a lo que ocurría, decide volverse y comenzar una campaña de denuncia sobre la situación de Xose que acaba convirtiéndose, tras la muerte de éste, en toda una vida de militancia.
«fue terrible, ino es posible!, me puse a leer el libro y ni mandé a mi otro hijo al día siguiente al colegio ni nada. Solo leía y lloraba ¡ay! lay! y venga a llorar. Y me encontré con una brutalidad terrible. Todos los esquemas, en todo lo que yo creía de justicia y de todo eso se me vinieron abajo. Fue morirme. No es posible que haya pasado todo esto y yo tan ignorante de todo», «(…) entonces decido hablar con los hermanos y les digo: – Ya he estado bastante tiempo con vosotros, vuestro hermano está en muy malas condiciones y yo me quedo aquí ahora para apoyarle».
Es difícil no recordarla recorriendo las okupas de toda Europa contando este testimonio. Pastora acabó integrada en colectivos con otras madres de personas presas como ‘Nais ne lolita’, ‘preSOS Galiza’ o ‘Nais contra a impunidade’, (todo madres, ¿donde están los padres?, solía preguntar) asumiendo denuncias por parte del estado y de la guarda civil sin callarse la boca jamás.
«La cárcel solo fue hecha para los pobres. Todo lo que le estorba a la sociedad y toda persona rebelde acaba ahí, pero a un rico no lo veréis nunca, a lo mejor un día o dos, y no en las condiciones en que están nuestros familiares. A mí que no me digan que existe la justicia, porque para gente pobre no hay».
Irredenta, directa y cálida, su libro recoge en apenas sesenta páginas, tamaño bolsillo, todo lo que cualquiera debería saber sobre la cárcel, las personas que están dentro y las que la invisibilizan. Sesenta páginas que se podrían leer en media tarde si no fuera porque uno necesita descansar a ratos para coger aire.
«(…) quiero dar las gracias porque veo que Tarrío ha muerto, pero que hay mucha gente que todavía se acuerda de él. Para mí esto es una alegría muy grande. Todo el cariño y todos los recuerdos llenos de emoción y sentimientos. Esto va por Tarrío, pero también va por los que murieron, porque han huerto muchos Tarríos en la cárcel y mueren cada día. Por los compañeros que han quedado por el camino, que han dado la vida por la lucha, y que no nos olvidemos de aquellos que siguen en la cárcel. Los muros de las prisiones tienen que venirse abajo. No podemos cerrar los ojos ante toda esta brutalidad. Lo que tenemos que hacer es ponernos las pilas».
Bueno, si lo dice Pastora habrá que hacerle caso.
