Kabaret Ploma 2. Rampova. Editorial Imperdible

Nueva edición: “Kabaret Ploma 2”, Rampova.

     En “Kabaret Ploma 2 Socialicemos las lentejuelas” se narra en primera persona las frenéticas vidas de un grupo de Music Hall que evolucionó al Cabaret, entendiendo esto último como un guiño al Berlín de la República de Weimar. Dentro de nuestro contexto socio-político, los principales integrantes teníamos un pasado común: adolescencia y juventud en cárceles o manicomios franquistas, vapuleados por la siniestra Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social por nuestra opción sexual. Activismo político y LGTBI, con doble vida en algunos casos que te podían llevar a ser Salvador de día y Greta de noche viviendo en un pueblo donde todxs se conocen.
Relato como les unió la muerte con un sida devastador y fulminante, pero no se alarmen que está contado al estilo cabaretero, despojado del panfleto, como si de una actuación estelar se tratara, con marabús, boas, collares, Art-Decó y en un riguroso directo. Porque Ploma 2 fue el único grupo de Kabaret que, aparte de antros y teatros, actuó en las Universidades y, exceptuando las Islas Canarias, Ceuta y Melilla, en todas las provincias españolas.
Tampoco se alarmen al pensar que está escrito de forma excesivamente intelectual. Como he relatado antes, el lenguaje es tan cabaretero como las fotos y dibujos que ilustran esta obra. ¡Viva la frivolidad! tal como la “entendía” Oscar Wilde.

Rampova

 

220 páginas. Rústica con solapas 17 cm x 24 cm. 10e.
ISBN:978-84-09-17755-4

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Prólogo. Furia de libertad

     Hubo un tiempo en el que andábamos bailando entre tinieblas por el lado salvaje de la existencia. La ciudad era un laberinto oscuro poblada de depredadores trajeados que elevaban la mediocridad a la categoría de norma. Hubo heroínas que se enfrentaron al sistema y esta es su historia, o parte de ella. Una pieza clave en el puzle de nuestro pasado. Un manual de libertad para el presente desolador.
     Un maldito sin antorcha que desciende / por viejas escaleras sin barandilla / cerca de un abismo cuyos olores / pregonan su húmeda profundidad, anticipaba Baudelaire nuestras inquietudes de radicales y revoltosas contra la inaudita realidad.
     Voraz y chillona, en mi voz está; su negro veneno en mi sangre; y siniestro espejo soy par que esa Furia pueda mirarse. Era necesario un espíritu de revuelta que fuera más allá de lo político. Un furor de los cuerpos desnudos, un desafío sexual.
Y cavamos la trinchera más luminosa con que contábamos, la lucha por nuestra independencia y libertad como personas. Y contábamos con la potente arma de la ambigüedad. Lo incierto y peligroso, el delicioso placer de la transgresión.
Luchamos contra los monstruos de la intolerancia y el fascismo desde nuestras imberbes posiciones, reivindicamos el derecho a la libertad sexual y nos gustaban las orgías con música potente, los Stones, Bowie, la Velvet Underground, en donde los roles de género desaparecían y se creaba una hermandad sensual que traspasaba los límites. Eran tiempos de una clandestinidad que luego nos imprimió carácter. Nos hizo igualitarios, ambiguos en lo sexual y adictos al espectáculo con lentejuelas; ojos cincelados de cool, colores y disfraces. “Todo lo que es profundo ama la máscara”, leímos en Nietzsche, y nos pusimos a ello.
Por entonces aparecieron instrumentos que eran placer y munición libertaria a un tiempo, como el Transformer de Lou de 1972, cuya contraportada con aquel maravilloso travesti nos llenó de gozo y esperanza en el futuro. No teníamos la varita mágica para saber que ese impulso sería devorado por el sistema apestoso.
Walking on the wild side se convirtió en un himno de batalla. Rock’n’roll, sexo, drogas y mucho espectáculo. La fiesta en los setenta y ochenta devino frenética, como si sospecháramos que pronto se iba a acabar. Que vendrían los jodidos salvadores de la patria y pondrían orden. Y así fue, y así estamos.
Antes de que todos los valores libertarios y libertinos fueran descafeinados por lo políticamente correcto existió una vanguardia de heroínas que anticipó lo que todos claman hoy como innegociables derechos de la gente. Es una historia de desdichas y logros, de pequeñas subversiones cotidianas, de voraz resistencia a la orwelliana sociedad bienpensante, avatares que costaron sangre y lágrimas.
Un tiempo agrietado, de placer y disfrute, de fiestas interminables, en donde el gusto absoluto fue traspasar los límites, aquello que no te enseñarían nunca en la escuela. El derecho de todos a sentirse sexualmente libres, a vivir las maravillosas transformaciones de la mariposa. A ser crisálidas de un mundo nuevo y diferente.

     Donde vigilan los monstruos viscosos / cuyos grandes ojos fosfóricos / ponen aun más negra la noche / y así ellos solos resaltan.

     En aquellas noches negras de la dictadura un grupo de guerrilleras de la libertad hacían lucha callejera con las armas del glamour y la provocación. Eran lobas agresivas, cultas y bellas en un mundo de machos unidimensionales.
Esa historia había que contarla y Rampova lo hace con una pluma que posee alas. Su mirada, irónica y provocadora, sobrevuela con regocijo e indisimulado placer las sombras y luces del pasado de una ciudad desaparecida. Recorre, con la deliciosa cadencia de un bolero, las cumbres de una década prodigiosa en la California mediterránea. Sus personajes, sus locales, sus fiestas, sus luchas.
Para muchos y muchas las trepidantes aventuras del legendario grupo transformista Ploma 2 serán una sorpresa. Las agitadas vidas de Greta, Clara, Amador y Rampova transportarán a un universo fascinante valenciano en donde suceden muchas cosas. Es imposible repetir la ejemplar peripecia de esta banda de transformistas subversivas que encendió los cuerpos y las mentes en los felices ochenta de Valencia. Fueron pioneras de la lucha de género, desafiaron al sistema sin cortarse un pelo, libertinas, libertarias, amorosas, siempre subversivas.
Y sembraron el espíritu de resistencia en aquellos jóvenes corazones, ateridos por el sistema patriarcal, y el inicio de su liberación en una ciudad que estallaba tras los años de plomo.

     Mas seductores que los Ángeles del mal, avanzaban / para turbar lo apacible de mi alma y para perturbarla allí en el peñón de cristal / donde se había sentado, tranquila y solitaria.

     El skyline de la ciudad se está tiñendo de un violeta sangriento, como el color de los versos de Les Fleurs du Mal. El barrio del Cabanyal se agita bajo la noche de otoño; las bandas de niños y niñas, revueltos y alegres, corretean por entre los bloques donde habitan los parias. Es como una película de Pasolini. Ese añil siniestro parece amenazar la ciudad, pero los niños, como pájaros, agitan la existencia cargándola de futuro.

Abelardo Muñoz
Cabanyal, otoño 2019